Antonio Maceo Grajales
  • Página Principal
  • Biografías
    • Antonio Maceo
    • Padres
    • Hermanos

  • Guerras de Independencia
  • Guerra de los Diez Años (1868-1878)
  • Exilio (Tregua Fecunda 1878-1895)
  • Guerra del 95

  • Ideales y Pensamiento Político
  • Curiosidades
  • Libros
  • Galería de Imágenes
    • Antonio Maceo
    • Familia de Antonio Maceo
    • Personas vinculadas
    • Plaza Mayor General Antonio Maceo
  • Audiovisuales

CURIOSIDADES DE ANTONIO MACEO GRAJALES

El general Antonio no consumía bebidas alcoholicas

Es conocido que Maceo ni fumaba ni consumía bebidas alcohólicas. Hay un ejemplo ilustrativo de esa característica del Titán. En el combate de Ceja del Negro, el 4 de octubre de 1896, después de un reñido enfrentamiento en el que hubo numerosas bajas en ambos bandos, los mambises lograron apoderarse de 98 fusiles y 14000 cartuchos, y varias acémilas cargadas de aguardiente. No pocos pensarían en darse más de un trago, pero Maceo ordenó botar la tumultuosa bebida.

El General Antonio no sabía nadar

El 8 de enero de 1877 Maceo intentó, en plena campaña de Baracoa, cruzar a caballo el caudaloso Toa que estaba crecido. Como era de esperar, la fuerte corriente lo desmontó del corcel y lo arrastró aguas abajo. Suerte que varios hombres de su tropa, conocedores de que el Titán no sabía nadar, al observar el episodio se lanzaron al río, y lograron sacarlo, ya inconsciente, a la orilla. Luego de algunas maniobras de reanimación, Maceo expulsa el agua tragada, recobra el conocimiento y continua la marcha.

¿Qué tipo de mujer prefería Maceo?

José Miró Argenter, al respecto, escribió: “Su pasión era la mujer, todas las mujeres le gustaban mientras no fueran provocativas o coquetas; pero sentía predilección por las que ostentaban aire sentimental: una joven de tez pálida y acento quejumbroso, le hacía perder los estribos. No cabalgaba muy seguro sobre el corcel de guerra si en medio del bosque alteroso lucía alguna flor pudibunda”.

Maceo era amante del teatro

El general Antonio tenía, como hombre culto que era, una especial predilección por el teatro. A sabiendas de ese gusto por la escena, sus enemigos políticos en Costa Rica no dudaron que este aprovecharía una estancia en San José para asistir a la puesta en escena del drama “El Maestro de Fragua”, basada en la obra homónima del novelista francés Georges Ohnet —de mucha popularidad por esos tiempos— representada por la compañía del cubano Paulino Delgado. El 10 de noviembre de 1894, a la salida del teatro Variedades, Maceo recibe un tiro, y aunque el agresor fue abatido por el cubano Enrique Loynaz, Maceo tuvo que guardar cama por un tiempo.

Manuel de Jesús de Granda cuenta que estando en Santiago de Cuba en 1890, ocurre otro incidente relacionado con su afición hacia el teatro. Ocurrió que estando el Titán como espectador en funciones de zarzuelas en el teatro “La Reina” —después denominado teatro Oriente, hoy en ruinas en la calle de las Enramadas—, al salir en un entreacto a tomar unos refrescos, unos oficiales españoles ocuparon el palco del general y sus acompañantes, lo cual no tuvo mayores consecuencias al retirarse los uniformados, respondiendo a la correcta solicitud de Maceo.

Maceo amante de la literatura

También sentía agrado al leer buenos libros. Se sabe que El Quijote era uno de sus libros predilectos, y Víctor Hugo, a quien leyó por primera vez en la Guerra Grande, seguía siendo en el 95 uno de sus autores favoritos. Las poesías de temas patrióticos —en especial las de José María Heredia— le apasionaban, al igual que las de Heine, no así las amorosas. Devoraba con fruición la prensa, y aunque encomendaba —como todos los jefes mambises— a sus ayudantes (Frexes, Pérez Carbó, José Palacios, Alfredo Jústiz, Juan Maspons y Miró Argenter) la redacción de proclamas, cartas públicas, órdenes, etc, siempre las revisaba minuciosamente antes de darle salida, y las enriquecía notablemente antes de aprobarlas. En La Habana en 1890, frecuentaba la librería de la calle Obispo, y allí, mientras hojeaba el libro de Julio César Comentario a la guerra de las Galias, se encontró Maceo con el coronel español Fidel de Santocildes, que años después caería en combate frente al Titán en Peralejo.

Opiniones sobre el escultórico cuerpo de maceo

María Julia de Lara, médico cercana a la familia, declaró que “La familia Maceo se caracterizó por una constitución física de excepción”, y un afamado sastre habanero, Leonardo Valencienne, al tomarle en 1890 las medidas con vista a confeccionarle un traje, no puede evitar la exclamación: “¡Qué figura! Así da gusto cortar una prenda”.

Atentados a Antonio Maceo

Pocos patriotas despertaron tanto interés en sus adversarios como el Mayor General Antonio Maceo Grajales, sus cualidades político-militares le permitieron alcanzar un gran prestigio dentro del mambisado cubano, a la vez que odio y temor en las fuerzas coloniales que desde su incorporación a la gesta libertaria, planearon su captura o eliminación física.

Durante la Guerra de los Diez Años

  • 1870 el gobierno español envió a Majaguabo a Manuel Hechavarría para que asesinara a Maceo
  • En 1874 excarceló a José de las Mercedes Colás para que asesinara a Maceo

Durante la Tregua Fecunda

El gobierno español en complicidad con agentes de inteligencia y el cuerpo diplomático hispano en estas naciones, el gobierno español desplegó una de las más cruentas persecuciones, intrigas y complots incluido el asesinato contra un patriota cubano, estableciendo una red de espionaje que le permitió controlar los movimientos de Maceo en aras de reiniciar la lucha emancipadora, en especial en momentos de mayor amenaza para la tranquilidad colonial.

  • El 23 de diciembre de 1879 en Haití, allí se planeó uno de los más escandalosos intentos de homicidio. Por orden del capitán general Ramón Blanco, la dirección del cónsul Antonio Fierro y complicidad del presidente haitiano Lisius Salomón, se gestó un plan para ultimar a Maceo a través de los dominicanos Quintín Díaz y Antonio Pérez, quienes debían despertar el interés del jefe mambí en una supuesta venta de 36 armas de fuego y 3600 cápsulas, para capturarlo o asesinarlo.
  • Consciente del peligro que corría su vida Maceo decidió abandonar Puerto Príncipe, en el camino a Santo Domingo, fue atacado por varios individuos, logrando escapar milagrosamente a los disparos.
  • El 7 de abril de 1880 en islas Turkas. el colombiano José Ramón Valdespino, hundió su puñal en la hamaca donde suponía dormía el Maceo e hirió al general Deogracia Marty que en esos momentos se encontraba en este sitio.
  • El agente español Francisco Otamendi, por instrucciones del vice cónsul en Puerto Plata, Augusto Bermúdez, ofreció a la Sra. Filomena Martínez, amiga de Maceo, 10 onzas de oro para que lo condujera a un sitio aislado de la playa donde sería asesinado. El plan fue denunciado por la propia señora el 15 de abril y su autor apresado y juzgado.
  • El 16 de mayo de 1881 en Kingston, Jamaica el cubano traidor, Francisco Laguna, pagado por el Gobierno Español, intentó asesinar al general Antonio Maceo
  • El 4 de julio de 1881 el doctor Eusebio Hernández le previno de algunos sujetos con intenciones de matarlo en Honduras.
  • En Costa Rica el 10 de noviembre de 1894, a la salida del teatro Variedades el jefe insurrecto y otros patriotas, fueron agredidos con armas de fuego, resultando heridos Alberto Boix y Antonio Maceo, este último en la espalda. En el intercambio resultó muerto el español Isidro Incera. Toda la emigración cubana se conmovió ante los hechos, José Martí denunció en el periódico Patria la cobarde acción: “¿Espera el gobierno español ya que no puede detener la revolución, hacerla abortar hiriendo á mansalva, por la espalda, al jefe invicto que fue y ha de ser, terror de sus tropas opresoras en las montañas de nuestra indomable Oriente? Pues se equivoca: aún queda en el cuerpo de Maceo espacio bastante suficiente para unas cuantas cicatrices.
  • A los sucesos del teatro Variedades siguieron dos intentos de envenenamiento que pretendían lograrse mediante el soborno de uno de los cocineros del hotel donde Maceo comía, pero este no se prestó para tales manejos, también se le regaló un anón envenenado. Manuel de J. Granda, protagonista de estos hechos refiere que: "buscaron y trajeron hombres que por dinero estaban dispuestos a asesinar al general".
  • El 6 de marzo de 1895 Antonio Maceo escribió al Comandante de la policía de San José para denunciar un nuevo plan de asesinato contra él: "Con esta fecha me comunica el Dr. Eduardo Uribe, que varios españoles de baja ralea, que estaban reunidos en el establecimiento El Arca de Noe fraguan contra mí un nuevo plan de asesinato".

Guerra del 95

  • El 15 de agosto de 1895 el general Agustín Cebreco alertó al general Antonio Maceo acerca de un nuevo complot de asesinato contra el: “Ha salido de Cuba un tal Enrique Rodríguez y Vázquez, que tiene una cicatriz en la cara, con idea de asesinar a U y al brigadier Pérez […]
  • 13. El 29 de julio de 1896, el Presidente del Cuerpo de Consejo de San José, Costa Rica, Santiago Guel alertó a la Delegación del Partido Revolucionario Cubano, acerca de un nuevo intento homicida contra Antonio Maceo, poco conocido hasta hoy, esta vez fue utilizado el general salvadoreño José Maria Villatorio quien pretendía viajar a Cuba para cumplir sus propósitos. Indudablemente el gobierno español no escatimó oportunidades ni recursos para vigilar o eliminar físicamente al Héroe de Baraguá, frente las cuales se irguió el Titán de Bronce, no solo para denunciar en el momento oportuno los métodos ruines empleados por la metrópoli, sino también para condenar a quienes dentro de las filas insurrectas pretendieron igualárseles. Al respecto quedó escrita para la historia su actitud cuando supo del plan dentro de las fuerzas cubanas para capturar y asesinar al general Arsenio Martínez Campos. Su reacción fue enérgica cuando se comunicó con Flor Crombet: “[…] el hombre que expone el pecho a las balas y puede en el campo de batalla matar a su contrario, no apela a la traición y a la infamia asesinándole, y que aquellos que quisiesen proceder mal con ese señor, tendrían que pisotear mi cadáver: no quiero libertad, si unida a ella va la deshonra”. Si bien durante estos años el espionaje español convirtió el Caribe en escenario de sus persecuciones e intrigas contra el Titán de Bronce, sería injusto olvidar que la labor de inteligencia del general y demás patriotas, así como la amistad y solidaridad encontrada en estos pueblos, salvaron en más de una ocasión la vida del indomable guerrero que de esta manera burló la muerte varias ocasiones, hasta el 7 de diciembre de 1896, en San Pedro, Punta Brava en que pasó a la inmortalidad como uno de los grandes pilares de la revolución.